miércoles, 29 de septiembre de 2010

Últimos días de septiembre

El Palmar, 23 de septiembre de 2010


Detrás de mi hay una familia perfecta, padre, madre e hija. Por el aspecto parecen europeos del norte, la niña juega con un paraguas. Ahora mismo no llueve pero la tarde está nublada y ligeramente fresca, se nota que estamos en los primeros días del otoño. Apago el tercer cigarrillo en la arena mientras veo a lo lejos lo que parece un grupo de chavales haciendo surf. Me dan cierta envidia, me hubiese gustado aprender pero tengo cierta habilidad para la torpeza y bastante sentido del ridículo. La marea sube, las olas son altas, la luz empieza a caer lentamente y unos metros más allá un chico pasea un perro con los pies descalzos por la orilla. Si estuviese en una comedia romántica, el perro se acercaría corriendo hacia mi y el chico lo usaría como una excusa para sentarse a mi lado y charlar conmigo, se establecería cierta tensión sexual que algún acontecimiento entorpecería pero que acabaría en un happy end y todos contentos. Pero no estoy en una comedia romántica, solo estoy ante el mar haciendo como que leo y observando de reojo a las escasas personas que hay a mi alrededor, sabiendo desde la tranquilidad que este estado me va bien. Delante de mi se cruza una pareja agarrada de la mano, deben tener veintipocos años, parece que tienen cosas que contarse. Yo tengo muchas que contarte pero me tengo que conformar con una página en blanco de uno de mis Moleskines, porque no existen para mi las comedias románticas y gracias a dios tampoco los melodramas. Llegará pronto octubre, escucho aquella canción que me descubriste emocionado en el iPod, te volveré a ver y volveré a intentar mirarte como si fueras uno más. El mar esta precioso y a lo lejos otro chico camina solo, supongo que no soy el único.

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